Más allá de los dos minutos infinitos o sobre el tiempo cinematográfico

«Más allá de los dos minutos infinitos» es una mediometraje de Junta Yamaguchi del 2020. Se trata de una película hecha con muy poco presupuesto y ello se puede ver en la cámara que sigue, impaciente, a los personajes y en que todos los acontecimientos suceden en un solo edificio. Sin embargo, la idea no es simple y me parece un verdadero logro la forma en que se expone y la trama que surge a partir de esta idea.

Es de noche y ya ha cerrado la cafetería de Kato. En su cuarto pierde su púa para tocar la guitarra y se da cuenta de que él mismo se está hablando desde su pantalla. Se trata de él mismo desde 2 minutos en el futuro. La pantalla de su cuarto está dos minutos en el pasado y una pantalla en la cafetería está dos minutos en el futuro. Esto lo emociona y termina compartiendo con sus compañeros de trabajo y con sus amigos la «tele del tiempo». En la emoción por conocer cosas del futuro encuentran la forma de comunicarse a través del tiempo más allá de 2 minutos, ello a partir de una especie de espejo infinito al poner ambas pantallas frente a frente. Desde ese descubrimiento comienzan a usar por diversión y a su favor el vistazo que pueden dar al futuro de ellos mismos y comienzan una serie de sucesos que complican la situación.

Algo que llama la atención de este filme es la simpleza de elementos para elaborar la historia. Pareciera que sólo hace falta una cámara, un edificio, actores y una buena historia. Sin embargo, ver al presente y al futuro requiere de distintas perspectivas de la misma acción una y otra vez. En términos de realización, la cámara regresa sobre acciones del pasado pero desde la perspectiva del futuro. Este recorrido que se repite por lo menos 3 veces no sólo convence, dentro de la historia, a los personajes de que en se están comunicando a través del tiempo, sino que también convence al espectador de que este fenómeno es verdadero. Los personajes se mueven en el espacio al transitar por el edificio y en el tiempo a través de las pantallas.

Cuando alguien a principios del siglo XX se dio cuenta de que se podía cortar la tira de celuloide para manipular la aparición de personajes o los cambios de lugar nació el montaje. El montaje, a partir de la edición, crea al tiempo cinematográfico. Lo que sucede en la película tiene una forma de desarrollarse particular y que no es igual al tiempo experimentado de los espectadores en la vida cotidiana. De esta manera, esta película me parece un ejemplo extraordinario del tiempo cinematográfico por un par de razones. La primera es que para que haya un involucramiento con el filme necesariamente se tiene que hacer explícita una forma especial del transcurrir del tiempo: el tiempo de las pantallas de ciencia ficción.

El segundo punto está tangencialmente relacionado con el primero. Mostrar una forma específica del transcurrir del tiempo es elemental para la historia. De esta manera, el tiempo cinematográfico no solamente se puede observar en la edición de manera explícita, sino que es necesaria esta imputación en la puesta en escena. Los trozos ya filmados no sólo son elementos de la película sino que son elementos dentro de la película misma. En términos de realización, esto explicita una forma de filmar similar a el truco que usan para ver un poco más allá en el futuro: algunos planos se convierten en elementos anidados dentro de otros planos.

Dejando de lado toda esta cuestión del tiempo cinematográfico y las especificidades de esta película. Creo que lo más importante es cómo todo lo señalado sirve para contar una historia. Los amigos y sus relaciones, la historia de amor del protagonista con su vecina y la aparición de matones ordinarios y extraordinarios convierten a esta película en una historia emocionante y tierna.

Punch-Drunk Love o sobre la inmensidad del amor


«Punch-Drunk Love» es el cuarto largometraje de Paul Thomas Anderson y fue estrenado en el 2002. Esta película tiene como protagonista a Barry Egan, un soltero solitario, enfocado en su trabajo y que creció con 7 hermanas. Barry tiene una personalidad explosiva, posiblemente a partir de haber crecido entre 7 hermanas que lo han molestado desde pequeño. Como parte de esa impulsividad y de sentirse solo llama a una hot line en donde le piden todos sus datos y termina siendo una extorsión. De manera paralela, Barry conoce a Lena Leonard, amiga de una de sus hermanas y comienza una relación con ella. De esta manera, Paul Thomas Anderson desarrolla una comedia romántica muy extraña.

De hecho, ese es uno de los puntos que me llama la atención de esta película: es una comedia romántica extraña. El otro punto se refiere al diseño de producción y la fotografía, en donde la cámara sobre el hombro y el uso de la luz son puntos primordiales para establecer una estética muy específica. El cielo de California está presente, además de planos psicodélicos que tienen se vinculan con la forma en que los atardeceres y las luces de interiores juegan. La foto corresponde a un plano en donde Barry y Lena pasean por Hawái y van regresando al hotel de Lena. La luz que viene desde fuera convierte a los protagonistas en dos siluetas que se besan al mismo tiempo que decenas de siluetas (otras personas) cruzan esta misma luz en ambos sentidos. Hay un flujo entre los dos enamorados que se representa visualmente de esta manera.

Pero decía que es una comedia romántica extraña. El primer punto es el humor. El humor que se maneja en esta película es ácido o negro y extravagante. Barry destruye el baño de un restaurante, trae la mano sangrando y, aún así, niega que haya hecho cualquier cosa. Las inseguridades de Barry hacen que le haga aclaraciones a su enamorada antes de besarla: «No rompí una puerta corrediza con un martillo, no le hagas caso a mis hermanas», «No siempre enloquezco». Barry compra decenas de cajas de budín porque en cada una dan 500 millas de viajes en avión y se pueden hacer el doble con un cupón especial. Entonces desea ganarle al sistema pero todas las personas que entran a su negocio le preguntan por el budín y le da pena explicarlo. Barry está vendiendo los productos que mercantiliza en su negocio, pero no puede hacerlo porque su hermana lo llama todo el tiempo, alguna de sus 7 hermanas.

El segundo punto es la disonancia con lo que consideramos como una comedia romántica. Cuando quieres ver una comedia romántica te encuentras con personajes con los que fácilmente te puedes identificar en sus problemas, aunque los personajes no tienen defectos especialmente marcados. En este comedia romántica Barry es un solitario al cual no queremos parecernos y sus problemas de ira e impulsividad no se corresponden con un protagonista caballeresco. Lena no es la protagonista hermosa que no se da cuenta de que es hermosa y tiene alguna característica que superará durante la historia (muchas veces se trata de la pobreza). Lena es una mujer adulta con un buen trabajo y que invita directamente a Barry para ir a cenar. Barry es un personaje que da pena, pero encuentra quien no lo vea con pena en Lena.

Es una comedia romántica en donde 4 hermanos rubios secuestran al protagonista por ser un pervertido que llamó a una hot line y no quiso pagar el dinero solicitado. El verdadero administrador de la hot line es el dueño de una tienda de colchones en Utah, un grupo de «white trash» que posiblemente toquen trash metal. Los enamorados no se conocen, coquetean y tienen que superar una prueba para que triunfe el amor. Ambos se reconocen en una plática tan banal como los chistes de un programa de radio y se quieren desde el principio.

Cuando hemos visto un género cinematográfico reconocemos una serie de características que comparten distintas películas para ser parte del mismo. Sabemos que no es buena idea que un grupo de adolescentes se vayan a hacer una fiesta a unas cabañas en medio del bosque cuando un asesino serial se acaba de escapar del manicomio. De la misma manera, hay elementos que esperamos ver cuando alguien nos dice: «¿quieres ver una comedia romántica?».

Pero «Punch-Drunk Love» nos da algo diferente. Esto me hace pensar en el amor. Todos tenemos una idea de qué significa el amor y la hemos ido formando a lo largo de la vida a partir de la experiencia, lo que nos dicen los demás y lo que vemos en diversas representaciones. Sin embargo, llega un punto en la vida de todas las personas en donde te das cuenta de que lo que pensabas que era el amor es algo mucho más grande. A veces nos damos cuenta de que aquello que te hace sentir bien no va a ser ver a tu ligue con una grabadora bajo la lluvia, sino algo mucho más común como ver el cielo y hablar sobre tu día. Además, me estoy refiriendo a todo tipo de relaciones en donde llega un momento en donde ves a otra persona y piensas lo mucho que la quieres. Amamos a familiares, amigos, compañeros, desconocidos y algunos conocidos que descubriste geniales. Si el amor tiene que ver con las relaciones que tenemos con las personas que nos hacen sentirnos bien, entonces tiene que ver con muchas experiencias, con la vida que accedemos a compartir con otres.

Entonces, uno puede interpretar muchas cosas sobre cualquier película. Específicamente esta película me hizo pensar en la inmensidad del amor. Cuando la representación nos dice que otras situaciones con otros protagonistas también pueden ser una historia de amor, entonces nos damos cuenta que cualquier idea que tengamos sobre el amor se queda pequeña frente a la inmensidad de las relaciones y la vida compartida que se puede, potencialmente, experimentar.

El poder del perro o una historia cinematográfica

Ahora, con las nominaciones al Oscar es posible que esta película tenga una mayor atención por el público en general. Entonces me gustaría escribir algunos apuntes sobre la misma, apuntes que pueden cambiar porque tengo planeado verla otra vez.

«The Power of the Dog» es el décimo largometraje de Jean Campion, estrenado en 2021 para cines y en Netflix. Me cuesta trabajo hacer una sinopsis como un breve resumen que te diga de lo que se trata la película. Es que una de las principales características es que la historia se nos va dando poco a poco al presenciar las acciones de los personajes. Sigue aquella regla de en el cine no debe explicar la historia, sino que se debe mostrar. Quizás esta es una de las razones por las cuales podría parecer una película aburrida para algunos espectadores: no se nos explica lo que está sucediendo, sólo hay una serie de acciones y de hermosas panorámicas.

Hace poco leí una reseña sobre otra película en donde un hombre escribía que él está acostumbrado a películas que le dan un sorpresa cada 5 minutos, por lo tanto no puede soportar una película en donde sólo ocurren cosas. Pero no se trata nada más que no se satisfagan algunas expectativas estéticas, que no veamos lo que siempre hemos visto y lo que queremos seguir viendo, porque ya sabemos como descifrar.

También se trata de una ruptura en la forma de ver cine. Sólo se nos muestra una serie de acciones de dos hermanos llevando vacas de un lado a otro, una mujer y su hijo que mantienen una posada y un nuevo matrimonio. Pero también acciones que no parecerían necesarias en la película, como el hijo llorando después de que se burlaran de él, una mujer bebiendo en un callejón, los vaqueros que no obedecen a uno de los hermanos pero sí a otro. En cada una de estas escenas se tiene que hacer un esfuerzo para descifrar la historia que se está mostrando: no se usan los diálogos para mostrar las relaciones entre los personajes, sino que hay que observar y pensar la razón por la cual está pasando lo que está pasando. Incluso la historia requiere hacer una conexión entre lo observado en un principio, en medio y al final. Sólo así se explica el final de la película: la burla, la inteligencia del chico, las preferencias sexuales del vaquero, la relación a partir del padre ausente, la enfermedad de las vacas y la muerte al final sólo pueden ser parte de una misma narrativa si hubo atención a estos elementos.

También hay actuaciones excelentes (Benedict Cumberbatch) y una fotografía espectacular.

Lo que me parece interesante sobre esta forma de contar una historia es que hay mucho más de lo que parece en un primer momento. Creo que coincide con una visión del cine que caracteriza a este como un medio audiovisual, por lo tanto, el cine muestra. Si el cine muestra, es a través de imágenes y sonidos que se cuenta una historia: en cada plano se establecen los elementos que podrían ser interpretados a una historia. Esto debe sr importante si alguien quiere ver una película como esta.

CHI-RAQ o sobre el discurso de la paz

Hace un par de meses escribía trabajos finales en la maestría sobre el problema de la violencia en México desde la sociología cultural. Para esta perspectiva, frente al sufrimiento siempre hay intentos de representación, pero no se convierte en un trauma cultural hasta que hay una narrativa que distingue al problema, los actores (víctimas y victimarios) y una posible solución.

Mis trabajos trabajaron la forma en que las personas reciben al cine sobre la violencia y cómo lo interpretan. Es especialmente interesante que no haya una identificación de la violencia como un problema que se puede solucionar en la gran mayoría de las interpretaciones. La violencia se observa como algo que existe y no puede ser cambiado, como una fuerza sobrehumana, como un destino del cual no se puede escapar y sólo se pueden ofrecer paliativos.

Si la violencia no se construye en los discursos públicos como un problema que se puede resolver, entonces tampoco hay lugar a imaginar la solución y lo que viene después de la violencia. La narrativa de la paz en México es un horizonte que no podrá alcanzar hasta que haya una construcción del trauma cultural sobre el la violencia.

Chi-Raq - Película 2015 - SensaCine.com

Chi-Raq es una película dirigida y producida por Spike Lee. Estrenada en el 2015, es una adaptación del clásico de Aristófanes: Lisístrata. A partir del presupuesto de que han muerto más estadounidenses en la violencia urbana de Chicago que en cada una de las guerras de Afganistán e Irak, surge el nombre de Chi-Raq a partir de la violencia entre pandillas que convierte a algunas zonas de la ciudad como lugares más mortíferos que la guerra en Medio Oriente.

A mí no me gustan los musicales, pero me gustó esta película. No estoy seguro de que se pueda decir que está película es un musical: pues hay secuencias musicales, pero los diálogos también tienen una rima, ritmo y metro como en el original de Aristófanes. Spike Lee rescata al argot de las comunidades afroestadounidenses y una estética negra que va abreva del hip-hop, el cine de la blaxplotation y diferentes estratos de la comunidad como la comunidad religiosa y la intelectual.

Siguiendo a la comedia griega, Lisístrata y las demás mujeres entran en huelga de sexo hasta que termine la guerra entre troyanos y espartanos, que son bandas de afroestadounidenses en el sur de Chicago. Cierta lectura superficial podría argumentar que es Lisístrata y las mujeres las que se dan cuenta del problema de la violencia y ponen cinturones de castidad a la obra para hacer un cambio. Sin embargo, es especialmente interesante que hay tres raíces a partir de las cuales se comienza la toma de conciencia de Lisístrata. El primer momento es el asesinato de una niña de la comunidad por una bala perdida. Frente a la niña muerta, el sufrimiento de la madre y el silencio de la comunidad, comienza un proceso en el que Lísistrata se da cuenta de que algo está mal. En un segundo momento, cuando ella se muda a una nueva casa con una intelectual de la comunidad, se cuenta de que hay otras realidades, de que las cosas no siempre fueron iguales. El tercer momento corresponde a las palabras del sacerdote blanco de la comunidad en la ceremonia por la muerte de Patti, la niña asesinada. Hay un examen de las causas estructurales y subjetivas de tal violencia en un discurso altamente emotivo. Pero también se vislumbra una solución desde la comunidad, desde perder el miedo, pensar en todos como comunidad y acciones concretas que puedan ayudar una vez cada vez.

El origen de la violencia de hombres jóvenes afroestadounidenses en las zonas periféricas de grandes ciudades se identifica como estructural, pues hay una serie de intereses que se articulan en la guerra contra las drogas, la venta de armas, el empobrecimiento de comunidades racializadas y el complejo industrial carcelario. Sin embargo, también lo representan con un origen intersubjetivo: hay lógicas y dinámicas propias de la violencia que se desarrollan dentro de las propias comunidades. Por ello es que también se habla de un linaje de odio que se ha convertido en odio hacia sí mismos en los jóvenes pobres racializados; por eso es que la masculinidad y las lealtades tribales en el contexto del dinero como único fin se convierten en una lógica a romper y un estigma psicológico en el cual los hombres que ejercen la violencia sufren.

Entonces, la huelga de sexo es sólo el pretexto para mantener una resistencia frente al problema. Incluso cuando los hombres logran entrar al cuartel en el que las mujeres se encuentran atrincheradas, no hay necesidad de defenderse, pues la argumentación de la lógica del cuidado sobre la comunidad triunfa frente a la calentura. En el examen complejo que la comunidad afroestadounidense ha hecho durante décadas al problema de la violencia ha encontrado un discurso del fin de la violencia o un discurso de la paz, en su acepción positiva. Es necesario un cambio en las condiciones estructurales como la vigilancia policial, el complejo industrial carcelario, el empobrecimiento de comunidades y la regulación de armas y drogas. Pero también es necesario un cambio de las dinámicas y lógicas que han enmarcado el actuar de los jóvenes negros que se matan entre ellos: el código de dinero, del egoísmo, de la supervivencia propia y una comunidad tribal. Frente a esto se propone una visión desde las mujeres que no actúa para la muerte, sino para la vida y no actúa para el individuo, sino para la comunidad.

Pero cuando todo va a terminar y todos están felices con firmar la paz y dejar las armas, Demetrius sale del lugar. No importa tener un discurso de la paz, también tenemos que darnos cuenta de que la paz es imperfecta. Siempre se van a dar disidencias, siempre alguien querrá seguir luchando, porque su forma de ver la vida sigue importando más que los resultados de la violencia. Sin embargo, esto no quiere decir que no vale la pena perseguir la paz. La utopía es un horizonte que nos hace caminar, no una meta. En la meta, la violencia es el fenómeno extraño y moralmente condenable que seguirá ocurriendo, pero con la certeza de justicia.

WandaVision sin Disney

Scarlet Witch - Wikipedia

Me gustaría comunicar tres consideraciones sobre la primera serie de Disney en su plataforma de streaming. Estas consideraciones serán sobre el relato en sí mismo y su realización, fuera del MCU, fuera de el fanservice, fuera de la plataforma y fuera del dominio de Disney como empresa de entretenimiento.

Estas consideraciones se ven como posibles lecturas frente a una elaboración literaria. Interpretaciones sobre lo que se quiso expresar con base en una lectura sobre las herramientas para construir narrativas y el sentido.

Duelo

La historia presentada en «Wanda Vision» bien puede ser leída como la historia de un proceso de duelo. Hay una pérdida que lleva a las distintas fases del duelo: negación, ira, negociación, depresión y aceptación. Específicamente, crear un mundo a la medida está entre la negación, ira y negociación. La depresión y aceptación se desarrolla en los últimos dos capítulos.

Más que ello, Wanda pasa por este proceso de duelo para aceptar una vida sin sus seres amados. Se trata de una sanación que viene desde la muerte de sus padres hasta la muerte de Vision. Al salir de este duelo se reconoce a sí misma y puede desarrollar su verdadero potencial.

Televisión

¿Por qué Wanda, al poder crear un mundo feliz, creó un mundo de series televisivas? Más allá de que la idea es muy atractiva en la contemporánea venta de nostalgia, se encuentra un argumento filosófico muy interesante. Paul Ricoeur desarrolló en su obra «Tiempo y narración» la idea de que la narración otorga una forma especial de sentido que nos hace comprender a las acciones y el tiempo. Es decir, a través de narraciones es que le damos sentido a las acciones en el tiempo, a la historia, al transcurrir de nuestras vidas. Es por ello que se podría aventurar la idea de que el papel tan importante de las series televisivas en la vida de Wanda la lleva a tomar este sentido para su vida perfecta. Si es a través de las narraciones ficcionales que comprendemos la vida y le damos sentido al tiempo; entonces la vida perfecta, el tiempo perfecto debe de ser en este tiempo privilegiado, el tiempo de las series televisivas.

Me resulta especialmente llamativo este argumento narrativo. No porque no se haya utilizado anteriormente, sino porque es utilizado en una serie de difusión masiva. Ricoeur para las masas.

Identidad

Más allá de las peleas deslumbrantes, la solución al problema que se da en el último capítulo parecería resaltar ciertas cuestiones existenciales. Los dos «Visions» y la metáfora del «Barco de Teseo» nos llevan a dar cuenta de que algunas veces dos entes pueden ser el mismo y no ser el mismo al mismo tiempo. Cuando se detienen a comprender esto es cuando dejan de pelear, pues se ha resuelto la disyuntiva entre el ser y no ser.

Lo anterior se resalta en la despedida de Wanda y Vision. Éste pregunta: ¿Qué soy? En la respuesta de Wanda destaca la persona en términos existenciales: Vision ha sido muchas cosas pero es, sobre todo ello, su amor. Somos aquellos que significamos para otros, la huella que hemos dejado en la vida de los demás.

Pan y circo o ¿sólo un título ingenioso?

Diego Luna estrena serie en Amazon llamada 'Pan y Circo'

Creo que es de la película «Hotel Rwanda», una escena en que le piden a un hombre con ciertas posibilidades dar a conocer las matanzas ocurridas durante el genocidio. El hombre responde que seguramente las personas lo verían en la televisión y exclamarían alguna frase de desagrado, para seguir con su vida después de haberse detenido por un momento. Así son los contenidos políticos sin articulación con el trabajo del día a día: no sirve de mucho dar algo a conocer sin posibles vías de acción.

La primera pregunta que me surge sería para Diego Luna como creador: ¿por qué hacer un programa así? El formato de tertulias no es nada nuevo en los medios de comunicación y efectivamente hemos visto cierta participación política del actor, al menos en redes sociales.

¿La política vende? Corren tiempos en que muchas personas hablan de polarización como sinónimo de discutir cuestiones públicas. Es cierto que dichas discusiones de lo público están más presentes que nunca en ciertos espacios y han alcanzado a personas que nunca antes se habían preocupado por ello. Pero también es cierto que las discusiones siempre están contenidas dentro de los significados comprensibles por la gente, por lo cual hablar sobre desigualdad no se trata de recurrir a metodologías y análisis sistémicos, sino que se trata de anécdotas y demás. Se ha roto la regla no hablar de política en la mesa y, al parecer, las filias y fobias que ello despierta resultan atractivas en también en el entretenimiento.

Pero se trata de la política en una plataforma de streaming. La empresa de Jeff Bezos en pos del anticapitalismo y la conservación del medio ambiente a toda costa no es lo más lógico en un primer momento. Pero ningún cálculo es lineal en este tipo de cuestiones. En términos de plataformas de streaming, Netflix es el rival a vencer, no por el verdadero éxito en los negocios sino por el capital simbólico de dicha marca. Por ello es que desde esta plataforma es que se marca la pauta de lo que se tiene que producir, tanto aquello que debe ser imitado como las características de contraste. Amazon Prime se vende como una multiplataforma para adultos jóvenes serios.

Las producciones de Prime para América Latina buscan la conquista del público que puede ver la plataforma y ordenar le nueva monería china que llegará al siguiente día. Es por ello que las series grabadas en el corredor Roma-Condesa con Ana de la Reguera, el juego de las llaves y Diego Luna en lujosa tertulia son imágenes similares y aspiracionales.

Pero no se trata del restaurante de lujo de siempre, de preferencia deben ser platillos veganos a la orilla de Xochimilco. Pero no se trata del estereotipo de clase media que nos dejaron los 50 y 80, sino matrimonios jóvenes que se atreven al amor libre. La clase media también es educada, ha ido a la universidad y no cumple con la promesa tradicional de nuestros padres. Los milenials de clase media dudan del gobierno, fuman mota y cogen antes del matrimonio.

Sí, la política vende, pero no es cualquier tipo de política, debe tener clase. Es cierto que se rompe la regla de no hablar de política en la mesa, aunque hay que mantener la elegancia (alternativa) de los cocineros de primer nivel. Enrique Olvera cocinando con ingredientes muy sencillos para ofrecer un mole de hormiga chicatana es un gesto muy representativo de esta forma de vida alternativa que no pierde la distinción. Aprendimos de Bourdieu que perder tal distinción sería romper con una parte esencial de las relaciones de poder, por lo cual no se puede hacer nunca.

Parecería que todo es negativo pero nada más lejano a la verdad. Me parece un gesto sumamente encomiable y conmovedor el buscar la manera de hablar de aquellos temas públicos que son importantes (aunque el consumo de mariguana no me parece nada importante). Este es uno de las mejores características de dicho programa: se puede hablar de política de forma amena y sin la pedantería de Leo Zuckermann y Hector Aguilar Camín.

En este sentido, los invitados fueron otro acierto, aunque me gustaría discurrir un poco más sobre ello. Solamente al hablar sobre feminismo/feminicidios y racismo encontramos a personas diferentes en la mesa. Con «diferentes» me refiero a alguien que no tiene siempre la palabra, el subalterno. También me refiero a personas que se encuentran con las problemáticas con mayor cercanía. Sin embargo, todos estos subalternos pasaron o están en situaciones extraordinarias para poder compartir la mesa (destaca Aracely Osorio, cuya hija fue asesinada en Ciudad Universitaria).

En términos de Spivak, el subalterno es aquel que no tiene voz y se puede hacer la mismo políticamente. En términos de Diego Luna, el otro factor a considerar es la validez mediática de tu esfuerzo.

Tras lo anterior, resulta especialmente interesante dar cuenta de quién está invitado a la mesa y, por lo tanto, tiene derecho a la palabra sobre algún tema. Una investigadora y activista, cuya labor se ha desarrollado durante años, comparte sitio con la senadora/empresaria hija de Salinas Pliego, aunque la segunda nunca haya presentado una postura especialmente importante sobre el tema del medio ambiente. El sitio compartido también es para el estudioso y activista de años o para uno de los periodistas más importantes.

El derecho de la palabra reclama muy poco de aquellos que siempre han sido escuchados y una vida de logros (reconocidos por el sistema) para el subalterno.

Obviamente «Pan y circo» se refiere a la famosa cita clásica en la que el pueblo está bien siempre que tengan estos elementos. Es bien picaresco denominar con este título a la tertulia en la que se habla de política. Resulta revelador pensar que el resultado de alineación que acompaña a dicha frase se pueda seguir cumpliendo. El pan como la aspiración de las formas de alimentarse. El circo como un mensaje político completamente desvinculado de los esfuerzos específicos de las personas que buscan cambiar la realidad todo los días.

A Bao A Qu

Aquella mirada apareció una calurosa tarde de marzo. A través del tablón de madera pensé que sus ojos eran verdes. Quizás lo que más me maravilló fue el rubor bajando por sus mejillas pero también te puedo hablar de la plática sin sentido que al día de hoy no recuerdo. Esta es una llamada de auxilio. Compartimos una mesa gigante y en medio de nuestra conversación pudimos escuchar la propuesta a nuestro vecino y las demandas del negocio pornográfico de primera mano. Nunca supimos si el chico consiguió el papel, aunque me pareció lo suficientemente enojado como  para mandarlos a la chingada.

Poco a poco fue apareciendo la cabeza. Odio las escaleras de caracol. Racionalmente, podría decir que es porque me parecen inaccesibles y no funcionales para subir grandes objetos. Pero también debo de ser sincero al admitir que dar vueltas sobre un solo eje para ascender me da una especie de vértigo metafísico. Por eso nunca llegábamos hasta arriba: yo me sentaba casi al inicio y Andrea dos escalones arriba para hacerme compañía. Hablábamos sobre las frutas de temporada y los posibles huracanes del fin del mundo. Ya en la noche, ella se despedía de nuestra escalera y caminábamos las calles de la ciudad desierta hasta donde me era permitido acompañarla.

Después fue apareciendo un cuerpo largo y lleno de escamas translúcidas. Fue aquella noche de otoño sentados en la fuente de los coyotes. Frente a nosotros se extendía la larga noche y a través del cabello claro de Andrea paseaba el viento. A principio no comprendí lo que pasaba; después observé con extrañeza como corría de un lado a otro, flexionado y levantándose de nuevo. Estuvo a punto de caer por un momento y creí salvarla, pero no me pude mover frente a una especie de ritual que parecía tan propio. Después de un par de minutos regresó hacia mi mirada atónita y me mostró hojas secas que habían caído de los árboles en sus manos: “ya tengo tres, ahora puedo pedir un deseo”.

El ser te sigue cada que subes, vive porque nosotros vivimos. Ella me visitaba la mayoría de las veces en la vecindad de mi abuela; aquella con la escalera de caracol justo al lado de los lavaderos. También odiaba la escalera porque me salvó la vida. Alguna vez tuve que salir a cerrar el portón principal en medio de una tormenta y un rayo calló en aquella escalera de acero. Hasta ahora he vivido con la única certeza de que ese rayo era para mí. No me pudo salvar la segunda vez, cuando una chica rubia y temerosa cruzó el portón preguntando por mi abuela: en ese momento sufrí un rayo que entraba por lo alto de mi cabeza y me partía todos los huesos hasta convertirlos en  espuma.

Sus escamas dejan pasar la luz y la convierten en los paisajes más asombrosos: puedes encontrar desde las profundidades más grises del mar muerto hasta los 7 azules de la Laguna de Bacalar. Mi abuela también se llama Andrea. Ella fue la primera que me contó sobre los ojos que aparecían en la base de la escalera, cerca de los lavaderos. También otras veces me contaba historias que me hacen sentirme muy triste por ella: como el hecho de que mi abuelo le dijo en su lecho de muerte “yo nunca te quise”. A veces me dice que no pudo querer a nadie más hasta que llegué yo de las manos de su hija.

Cuando subes y te va siguiendo puedes sentir como siente él; no se trata de un ser arrastrándose sino de alguien que podría captar todas las sensaciones en el mundo. Siempre en algún momento ocurre algo mal. Andrea te mira por algunos segundos y te das cuenta de que está pensando algo, que entrecierra los ojos porque le recuerdas a alguien y explota contra ti por la peor estupidez del mundo. Se gritan justo en medio de la calle aunque los cochistas les estén mentando la madre porque no los dejan pasar. Se besan pero el beso es agresivo, en algún momento piensas que quiere aplastarte la cara y arrancarte el labio. Todo se vuelve sonido mudo y obscuridad en torno a ustedes, sólo está el peso insoportable de sus ojos casi-verdes mirándote con un recelo que no logras imaginar.

Una de sus grandes propiedades es la liviandad: cuando aparece y te sigue por todo el camino sientes que nada importa, que el mundo está detenido fuera de aquella escalera de caracol; a veces es como una droga. Nunca entendí bien como murió mi madre pero me considero uno de los huérfanos de esta guerra por la desaparición de mi padre. Desde que tengo memoria, la única compañía amorosa que recuerdo es la de mi abuela. También fue ella la que me contó todas aquellas historias sobre aparecidos y chicas que se elevaban al cielo entre sábanas colgadas. Fue ella la que me prohibió salir de la vecindad para protegerme del mundo hasta que comencé a escaparme desde los 15 años. Una vez me escapé con la intención de no volver más. Después de dos semanas de comer en las casas de amigos y dormir en los largos trayectos de los camiones en esta ciudad, mi abuela me convenció de regresar a la vecindad. Desde entonces no dejaba de salir y descubrir el territorio, aunque siempre volvía a mi cama. Los callejones de vagabundos de espeso aroma y correr frente a cinco chicos preguntándome por mi celular fueron parte de mi vida desde entonces. Hasta que conocí a Andrea, desde aquel rayo en medio del patio no salía si no era con ella. Incluso cuando tenía que acudir solo a ciertos lugares ella me acompañaba y esperaba las horas que fueran necesarias. Siempre con una sonrisa, siempre con amena charla.

Pero un día comenzó a desaparecer y su cuerpo milenario ya no se apreciaba desde la cima como antes. Supe que algo estaba mal desde la primera vez que Andrea me regaño sin desdibujar su amplia sonrisa. Todos sabíamos que era parte del fin del mundo la pandemia que se había desatado en medio de la gran guerra. Sin embargo, nunca habría esperado tal reacción frente a la mínima sospecha de que no me había lavado las manos después de bajar del camión. Queríamos celebrar justo después del gran saqueo y llegamos hasta Regina para ir al bar en el que fue nuestra primera cita. Pero no pude soportarlo, sus palabras salían a todo volumen al mismo tiempo que me sonreía y una lágrima se derramaba sobre su mejilla. Andrea estaba pálida y podría jurar que su cabello ya no era rubio sino pálido como las escamas del A Bao A Qu.

Te escribo esto como una especie de terapia. Desde que murió mi abuela no he vuelto a ver a Andrea. Al principio fue mi decisión, pues necesitaba vivir mi duelo. Sin embargo, desde que volví a buscarla no la he podido contactar. La bestia también ha desaparecido gradualmente. Al principio creí que yendo hasta los lugares que frecuentábamos sería suficiente, pero no lo fue. Después me aventuré a presentarme cerca de los lugares que me estaban prohibidos. Por supuesto que recibí una paliza a cargo de las fuerzas de seguridad. No tengo la menor idea de cómo hacerla salir ni cómo contactarla de nuevo. Ella es la única persona que me queda en este mundo.

Sobre el príncipe Carlos

Lloré un poco en el momento en que aceptaron. Los conocí aquella tarde después de que el guardia me siguiera más de media hora por toda la tienda. La gente como yo siempre va a ser sospechosa.

Andrea tenía una forma de reír y levantar el rostro que me llamó la atención desde el primer momento. Armando era un poco más reservado, su voz estaba ronca casi todo el tiempo y muchas veces disertaba largo tiempo sobre los problemas y sus posibles soluciones tomando en cuenta la teoría y la praxis. Pero fue precisamente él quien se acercó hasta el pobre Carlos (yo) que estaba sentado con la espalda contra el asta bandera.

Me sentía en “Aquí no es Berlín” saliendo de fiesta con universitarios y observando como salía el sol sobre los edificios, en el cielo contaminado de esta ciudad inmensa. Lo comenzamos a planear desde entonces. Al principio pensé que solamente se trataba de una broma que se les había ocurrido, todavía cuando me llevaron a la casa de Armando y observé todos los materiales necesarios no creía que estuviera sucediendo.

Aquella época de mi vida fue como un sueño. Las cosas simplemente sucedían y yo dejé de contestar las llamadas de mi madre desde aquella ciudad de provincia que se me hacía tan lejana. Supongo que también me comencé a enamorar un poco de ellos. A pesar de que Andrea era rubia lo entendía mejor que muchos otros. Sentía como un abrazo calientito cada vez que Armando me contestaba: “estoy aquí para ti y te escucho”.

La parte más difícil fue convencer a las personas. El grupo al que pertenecían no era demasiado numeroso y entendí que las promesas de la peda no se cumplen muchas veces. Pero también estaba el barrio; me refiero a aquellas personas a las que tantas veces escuchaban en los talleres y demás. Cuando tu casa está tan de la verga que lo único que te queda es salirte a las calles, que sabes que son peligrosas, ayuda mucho cuando alguien te escucha. Nosotros los escuchamos a ellos y ellos estuvieron con nosotros.

Tengo que admitir que hubo un momento en que quise dejarlo todo, sobre todo por la primera parte del plan. Quizás había ido demasiado lejos, la vida no es como una novela de Palahniuk, la gente en la realidad sufre y muere, y no puedes simplemente cerrar el libro y dejar de verlo. Corrí muy lejos y ellos me encontraron. Dormimos juntos, los tres. La mañana me trajo la certidumbre de que todo era correcto, de que todo iba a estar bien.

Aquel día volví a entrar a la tienda. Era un día ajetreado así que tardaron un poco más en encontrar al adolescente que tenía cara de que no iba a poder comprar nada en una tienda cara. Estuve más de una hora paseando detenidamente por los puntos que nuestro amigo de sistemas necesitaba conocer. Ya casi en la puerta me puse de frente al guardia y le menté la madre un poco antes de salir. La expresión en sus ojos me dejó incómodo; él tampoco era muy diferente a mí.

En palabras de Armando: “La gentrificación desmedida en el centro de la ciudad creó lugares fantasmas al lado de grandes concentraciones de capital”. Lo cual quería decir que éramos muy afortunados de tener un edificio abandonado justo detrás de aquella tienda departamental. Desde la noche anterior habíamos comenzado llevando a los vagabundos a otro lugar para que pudieran pernoctar. Por supuesto que tuvimos incidentes con aquellos que tenían problemas mentales serios pero se sortearon con cierta facilidad.

Nos comunicábamos por Telegram. Mientras más se acercaba la hora de cierre más nervioso me ponía. Si nuestro amigo de sistemas no activaba las alarmas en orden y a tiempo era muy posible que se acabara todo para nosotros. No podía pasar eso, no ahora que era parte de algo, no ahora que me querían los que yo quería.

Procuramos comenzar el fuego en la planta baja, pues éste tiende a subir y se buscaba que continuara el incendio todo el tiempo posible. También intentamos calcular que nuestro lado de la pared no estuviera demasiado cerca de la bodega pero sí cerca de alguna alarma del lado de la tienda.

Cabe recordar que la tienda se encontraba a media cuadra de la plaza principal. La imagen de Armando y Andrea llegando con todas esas personas por el lugar en que se había metido el sol era impresionante. Una decena de voluntarios del bachillerato en el que tallereaban se dio a la tarea de despachar a los bomberos y bloquear el trabajo de los pocos policías que se encontraban ahí.

Tal como lo planeamos, pensaron que el fuego había comenzado en la tienda y no en el edificio trasero. Comenzamos desde las bodegas más cercanas al incendio, cuando aún estaban algunos de los trabajadores adentro. Andrea había repartido a las personas por departamentos y había coordinado milimétricamente la forma en la que tenían que actuar para que, en menos de media hora, pudiéramos sacar toda la mercancía.

Mucha gente a la que le regalamos cosas que sólo pudieron haber soñado todavía recuerdan aquella noche. A Andrea y Armando no los volví a ver desde entonces. Muchos dicen que los desaparecieron pero yo sigo pensando que me esperan para dormir y recordar que me sonrieron hacia arriba del edificio.

Sol de media noche

Cuando cruzamos la acera el hombre aún nos seguía. En un inglés entrecortado nos estaba ofreciendo chicas de 13 años o viajes en avioneta para ver una fosa en medio del Mar Caribe.

Habíamos llegado unas horas antes desde Cancún, en un camión que atravesó la selva hasta Belize City. Llegamos y estaba lloviendo, hacía calor y estaba lloviendo. De esa lluvia cálida y espesa que se va colando poco a poco por la ropa hasta llegar al cuerpo y abrazarlo. Salimos desanimados del único hotel que habíamos encontrado. Entonces una chica en una bicicleta verde detuvo su cabello muy rizado para preguntarnos si necesitábamos en donde estar, antes de cualquier respuesta llegó hasta una casa blanca y vino de dos pisos, y comenzó a llamar a Adhelma.

Todavía llevaba vendas en ambos brazos, razón por la cual me tomó de sorpresa la mirada insistente de la mujer que nos ofreció quedarnos en aquel lugar por menos de 20 dólares o rentar un departamento entero por 30 (cada uno).

Luis y yo nos bañamos llegando al departamento y me senté a escuchar los sonidos de aquella ciudad extraña. Desde el balcón observaba a cuerpos morenos que comenzaban a salir después de que cesara del todo la lluvia. Cuando Luis llegó a avisarme que Adhelma había regresado para llevarnos a cenar yo había vuelto a fumar y otra vez estaba llorando.

Los atardeceres de cielos grises suceden de pronto. Es como un peso inevitable que nos cae encima y lo llevamos cargando apachurrados y ciegos, dejando rastro de obscuridad al paso. Adhelma nos condujo por las calles y dijo que cuidaría de nosotros. La respetan por el color de su piel, le traduje a Luis y llegamos hasta una especie de cantina. Los chinos poseen aquí los negocios y este tipo de cantinas venden pollo desde una pequeña ventanita que da a la calle. Mientras los pescadores se emborrachan desde las 10 de la mañana en los días que no son propicios, los niños en chanclas compran pollo para comer un par de días.

La música venía desde una rockola en una esquina. La música no era extraña  pero tampoco conocía todas las canciones. Adentro apenas estaban algunos cuerpos pesados, con botas de trabajo, gorra y playeras de diferentes equipos de futbol. La iluminación no era demasiado buena. En cuanto entramos nos comenzaron a atender un par chicas en shorts y blusa de tirantes. La mayor de ellas llevaba una blusa roja y estuvo todo el tiempo claramente enojada frente a la preferencia que tuvimos por su compañera (Violeta).

A pesar de las cervezas que me había tomado no podía dormir. Tu rostro me venía a la mente una y otra vez. El pasillo que separaba los dos cuartos olía a los tenis húmedos de Luis. Entré en la obscuridad a su cuarto y tome las llaves. Compartíamos entrada con otro departamento. Un hombre azul en la noche me vio salir: “God bless you”.

Me senté a esperar afuera de la cantina. El príncipe Carlos me defendió cunado salió el dueño chino a amenazarme en un inglés que me pareció incomprensible pero verdaderamente enojado. Te imaginas lo ridículo que me veía recordándole a Violeta que me había prometido acompañarme a ver el mar, ahí en medio de la noche húmeda de Belize City.

“Aquí hay mucho refugiado y gente que viene de otros lados. Si quieres, en la mañana te llevo a comer tacos. Los vende un señor que se vino del Salvador desde la guerra y ya hasta tiene a su familia acá”. Yo sonreía y escuchaba, incapaz de articular, como el que no ha hablado con personas en mucho tiempo y ahora no recuerda cómo empezar de nuevo.

Violeta venía desde Honduras. Ahí tenía a su hija de 6 años y sus abuelos la cuidaban. Cuando hablaba de su hija como que entrecerraba la mirada y se le hacía más brillante. Violeta les mandaba dinero todas las semanas y la iba a visitar siempre que la dejaban. Siempre se refería en plural. Estaba casi seguro de que ella y su compañera usaban el mismo perfume, pero en el cuerpo de Violeta olía diferente.

“Adhelma viene de las pandillas pero puso una casa en la que ayuda a los chicos para que ya no se droguen más”. Yo miraba su cabello y me preguntaba que hacía con una hondureña desconocida a cientos de kilómetros de casa. “Nos pagan por hacer tomar a los hombres”. Le daba pena cuando le recordaba que me bailó justo antes de prometer ir hasta el mar, juntos.

Sentí, sentimos finas gotas caer de nuevo desde el cielo obscuro. Entonces tomé mi chamarra y le cubrí los hombros, ocultando su blusa de tirantitos rosa. Ella me tomó del brazo, ya casi llegando a la zona de los hoteles, y no pude ocultar más las vendas. Le conté de ti y los cortes transversales a lo largo de los brazos. Le hablé de la mañana de otoño, en Coyoacán, en la que descubrí tus ojos y de Luis rescatándome para llevarme al fin del mundo.

Imagínate un faro pequeño, como de película de Wes Anderson. Bajo el faro estaban las típicas letras turísticas para presumir que se había estado en Belize City. La lluvia era tan fina que parecía casi imperceptible. Las olas obscuras se escuchaban cada vez más chocando contra el malecón y las rocas. Una luz cada muchos metros. Dos perfectos extraños tomados de la mano en la orilla del mundo, acompañando la tristeza, extrañando como nunca a aquellos que estaban lejos.

Un extraño enemigo o sobre la escritura de la historia

En 1994 fue producida la serie histórica «El vuelo del águila». Muchas lecturas al respecto daban cuenta de que una nueva imagen de don Porfirio Díaz era de especial relevancia para la administración del Salinas, más aun, para el proyecto neoliberal.

Diversas reflexiones historiográficas han abordado la pregunta: ¿en dónde está la historia? Para muchas personas la historia sería el libro de texto sobre los hechos del pasado, simplemente. De esta manera, en un primer momento nos acercamos a lo que puede ser historia en la diferenciación entre el soporte (libro físico) y el discurso que se produce o reproduce a partir de lo anterior. También cabría preguntarse: ¿qué no es historia? A partir de lo cual convendría diferenciar a la memoria de la Historia (con mayúscula).

Todo lo anterior resulta pertinente ante la no tan nueva producción de Amazon y Televisa: «Un extraño enemigo» (2018). Esta serie trata por enésima vez a las protestas estudiantiles de 1968, a 50 años de las mismas y de la matanza del 2 de octubre. A través del mayor Fernando Barrientos, jefe de la extinta Dirección Federal de Seguridad, se desarrolla esta perspectiva de lo acontecido durante varios meses de efervescencia por las preparaciones para los Juegos Olímpicos y las protestas que se suscitaron.

Resulta especialmente curioso que se aborde desde este punto de vista lo que ocurrió, sobre todo en contraste con una gran cantidad de libros al respecto u otras series que también pretenden conmemorar después de 50 años (Tlatelolco, verano del 68; 2018). El seguimiento de nuestro antihéroe, Barrientos, distingue a los sucesos ocurridos como parte de la alta política. Barrientos busca cada vez una mejor posición, así como evitar la disolución de la DFS. Esto se enmarca en la obsesión de Díaz Ordaz por que todo salga bien para los Juegos Olímpicos y una lucha descarnada por la presidencia, con la sucesión cada vez más cerca.

También se ofrece el punto de vista de algunos alumnos: dirigentes del movimiento entre los cuales se distingue a González de Alba como personaje histórico. Pero hay poca participación y secuencias dedicadas a ilustrar características y no agencia en los estudiantes: la relación entre estudiantes y porros, enfrentamientos, escueta participación en el Consejo Nacional de Huelga. De hecho, quizás el estudiante al que más se sigue es Beto: perteneciente a la Ciencias Políticas y vendido a la DFS.

De esta manera, hay una lectura realista (en términos de ciencia política) que destaca la lucha racional y feroz por el control político. Los movimientos sociales no existen en esta serie, sino que son una especie de emergencias espontáneas que se convierten en una variable en las manos del maquiavélico jefe de la DFS. De igual manera, un Hobbes cínico estaría orgullos con la presentación de las diferentes muestras de fuerza para mantener el poder y, a veces, el orden.

Es cierto que nuestro jefe Barrientos no siempre tiene cálculos infalibles. Sin embargo, el sufrimiento de aquellos que caen frente a la fuerza, la imaginación espontánea de las masas y el enojo frente a la injusticia solamente son desviaciones en modelos que más o menos funcionan para el juego de la alta política.

Con respecto a Fernando Barrientos, cabe mencionar tres aspectos que pretenden dar profundidad al personaje. El primer aspecto tiene que ver con una especie de «Pepe grillo», que es él mismo pero de niño. De esta manera se incorpora el discurso psicológico en el cual hay razones profundas del personaje para actuar de la forma en que lo hace. En el mismo sentido, hay un par de secuencias en las cuales se hace explícito que él solamente quiere lo mejor para sus hijos, ambos en familias diferentes, por supuesto; «darles lo que nunca tuvo y su padre no le dio». En tercer lugar, la relación con su esposa (en la «casa grande») está mediada por un común acuerdo de infidelidad velada para el resto de la sociedad. Si bien da cuenta de la moral de hace 50 años, también hay un guiño a la pareja maquiavélica de House of Cards; hay una búsqueda de constante participación para el ascenso del marido.

En términos técnicos, se pretende construir la atmósfera del 68 desde la dirección de arte y «filtros» que aluden visualmente a aquellos tiempos. En lo personal, no estoy seguro de que esta segunda característica haya mejorado la experiencia, pues muchas veces este manejo de color y la luz no terminan de llevarte a la época, por lo cual es especialmente importante el uso que hacen de canciones de época. La imagen genera una extrañeza, una alusión a fotografías viejas y un tiempo distante, aunque no estoy seguro de una inmersión.

Pero volvamos a la Historia. Para Walter Benjamin «la historia es objeto de una construcción cuyo lugar no es el tiempo homogéneo y vacío sino el que está lleno de tiempo del ahora«. Desde esta aseveración se puede referir (por ahora) que la historia está en la construcción de un pasado relevante, misma que siempre se hace desde un contexto específico que condiciona a la misma. En el mismo sentido, los medios de construcción y difusión del pasado relevante no siempre están en el libro sino que también pueden estar en otros soportes, siendo el audiovisual uno específicamente privilegiado por la forma de consumo. A pesar del anuncio que sale al principio de cada capítulo en el que se advierte sobre la narrativa ficcional, el aludir a referencias que se pueden reconocer fácilmente en el discurso de lo que sí es historia lleva a una lectura en la cual constantemente se piensa lo que ocurre como cierto.

Dando por hecho que la producción de Televisa que ocurrió en 1994 buscaba actualizar a Porfirio Díaz, así como actualizar su liberalismo y la bandera del progreso económico, tendríamos que preguntarnos el significado social y político de «Un extraño enemigo». Como una conclusión parcial, se destacan dos posibles lecturas de especial importancia: los movimientos sociales no existen, si existen no tienen importancia por sólo son variables a manejar por aquellos que tienen el poder de facto; y que estamos mejor que en aquella distopía descarnada dominada por la DFS y en la cual se podía asesinar, desaparecer y torturar como parte del juego normal del poder. Ya no existe la DFS y ya no está el PRI en el poder, el 68 es lejano, es extraño, por lo tanto las cosas son muy diferentes.

Por supuesto que esta narración también está inscrita en la perspectiva «realista» mencionada anteriormente, y se refuerza dentro del individualismo neoliberal. La política y la ética son caminos completamente diferentes y se hará lo que haga falta en pos de llegar a los objetivos planteados; ya sea el poder político o el hombre que no sabe otra manera de proteger a su familia. A pesar de que alguna vez se hace alusión a que es la justificación que Barrientos se ha creado para poder hacer lo que hace, el alud de «evidencia» en el constante actuar del personaje hace palidecer este pequeño diálogo con su hijo.

Las implicaciones de estos mensajes en la actual coyuntura es un trabajo que requiere muchas palabras más. Sin embargo, es muy interesante preguntarse desde nuestros tiempos de manifestaciones antiestablishment: ¿cuáles son las verdades que conservamos sobre el 68? ¿Cuál es su historia desde nuestra mirada?

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