-Ella vivía en aquel cerro que ahora puedes ver. Con la luz de la luna llena brilla de una manera impresionante.
-¿En serio?
-Si. De hecho en las épocas remotas se le consideraba un lugar sagrado.
-¿Qué tal si vamos?
-¿Ahora mismo?
-Si.
-Te sigo.
-¿Neta?
-Hasta el fin del mundo.
Hacia tiempo que ella había querido una relación seria por una vez en su vida. Las mujeres necesitan seguridad, pero todos tenemos cierta sensación de querer una estabilidad cuando tenemos diferentes vivencias… e inestabilidad cuando todo nos parece monótono.
Él la había encontrado después de mucho tiempo. La moneda había aumentado dos ceros para que no pareciera tanta la inflación y él no se fijaba en las cosas no tan importantes.
Pero ella tenía un fan.
Ahora los veo subir el cerro.
Es bella, siempre ha sido bella. Cuando era niña fue utilizada en uno que otro comercial. Con el tiempo ella no quiso seguir el camino de ser conocida por las personas. Nunca me pude explicar cómo acabó en los brazos de ese tipo.
Camino por el terreno que tiene muchas piedras sueltas. Mi peso y la buena tracción de mis botas no me dejan caer cada que una de esas piedras tratan de intentarlo, y puedo ver su rojo cabello.
La conocí cerca de donde ella estudiaba. Yo siempre he pensado que una mujer inteligente es de lo más atractiva. En ella antes vi lo atractiva que lo inteligente. Y es que su cabello negro y enmarañado le daba un marco perfecto a su fino rostro rematado en centelleantes ojos verdes que dejaban caer traslúcidas pecas en sus pómulos.
Caminan por la vereda, se toman de la mano, se abrazan, se besan y se aman a cada instante. Después de este tiempo en la obscuridad se me hace mucho más fácil distinguir los obstáculos en mi camino. Siempre me ha gustado este juego de el cazador y la presa. Una vez ella me dijo que era un instinto que preservamos por ser depredadores, que quizás era la causa de no poder erradicar la violencia.
Yo nunca la he amado, eso le he sabido desde aquel terrorífico día. Mis tenis resbalaron en el agua y caí, caí, caí. Frente a ella lancé todas las injurias aprendidas hasta los doce años que cargaba. Supe que no podía amarla. Ella era demasiado y nunca le podría confiar.
Han llegado a un claro que tiene un prado digno de un descanso. Puedo ver a los dos sobre la hierba, jugueteando, acariciando, besando, jadeando, gritando, gozando, durmiendo.
Aquella vez caí y mi pie se dobló. Ella fue la que llamó a una ambulancia. Mi fractura fue seria. Ella se convirtió en mi amiga y estuvo conmigo mucho tiempo de mi dolor, más tiempo que nadie. Fui feliz algún día cuando era joven y podía ver el verde de sus ojos a la distancia que ahora estoy.
-¿En serio?
-Si. De hecho en las épocas remotas se le consideraba un lugar sagrado.
-¿Qué tal si vamos?
-¿Ahora mismo?
-Si.
-Te sigo.
-¿Neta?
-Hasta el fin del mundo.
Hacia tiempo que ella había querido una relación seria por una vez en su vida. Las mujeres necesitan seguridad, pero todos tenemos cierta sensación de querer una estabilidad cuando tenemos diferentes vivencias… e inestabilidad cuando todo nos parece monótono.
Él la había encontrado después de mucho tiempo. La moneda había aumentado dos ceros para que no pareciera tanta la inflación y él no se fijaba en las cosas no tan importantes.
Pero ella tenía un fan.
Ahora los veo subir el cerro.
Es bella, siempre ha sido bella. Cuando era niña fue utilizada en uno que otro comercial. Con el tiempo ella no quiso seguir el camino de ser conocida por las personas. Nunca me pude explicar cómo acabó en los brazos de ese tipo.
Camino por el terreno que tiene muchas piedras sueltas. Mi peso y la buena tracción de mis botas no me dejan caer cada que una de esas piedras tratan de intentarlo, y puedo ver su rojo cabello.
La conocí cerca de donde ella estudiaba. Yo siempre he pensado que una mujer inteligente es de lo más atractiva. En ella antes vi lo atractiva que lo inteligente. Y es que su cabello negro y enmarañado le daba un marco perfecto a su fino rostro rematado en centelleantes ojos verdes que dejaban caer traslúcidas pecas en sus pómulos.
Caminan por la vereda, se toman de la mano, se abrazan, se besan y se aman a cada instante. Después de este tiempo en la obscuridad se me hace mucho más fácil distinguir los obstáculos en mi camino. Siempre me ha gustado este juego de el cazador y la presa. Una vez ella me dijo que era un instinto que preservamos por ser depredadores, que quizás era la causa de no poder erradicar la violencia.
Yo nunca la he amado, eso le he sabido desde aquel terrorífico día. Mis tenis resbalaron en el agua y caí, caí, caí. Frente a ella lancé todas las injurias aprendidas hasta los doce años que cargaba. Supe que no podía amarla. Ella era demasiado y nunca le podría confiar.
Han llegado a un claro que tiene un prado digno de un descanso. Puedo ver a los dos sobre la hierba, jugueteando, acariciando, besando, jadeando, gritando, gozando, durmiendo.
Aquella vez caí y mi pie se dobló. Ella fue la que llamó a una ambulancia. Mi fractura fue seria. Ella se convirtió en mi amiga y estuvo conmigo mucho tiempo de mi dolor, más tiempo que nadie. Fui feliz algún día cuando era joven y podía ver el verde de sus ojos a la distancia que ahora estoy.
Está amaneciendo y ahora puedo ver de cerca, muy de cerca, sus cuerpos. El azul reina la cúpula sobre nuestras mentes y la serenidad nos envuelve en su azul.
Él está sobre ella. Creo que todavía tienen una sonrisa en su rostro. Levanto el masculino cuerpo y el rojo fluye de sus vientre rompiendo la armonía.
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| El cerrito. |

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