Monté en el ave azul
y, a través del cielo despejado.
Están los zafiros, estabas tú,
barroco te había amado.
La princesa oriental
nos esperaba.
El árbol frutal
nos regalaba.
Monté en el verde de tus ojos
a través del cuerpo inmaculado:
entre selvas de claveles rojos
ándeme, que te he encontrado.
La corteza frontal
reclamaba
que de tanto soñar
se cansaba.

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