Hay días que me encierro y nadie me saca del exilio en mí mismo. Repito las palabras de la poeta: “lloro por las cosas pequeñas y por las cosas grandes” porque no hay unidades cuando todo se va confundiendo con sus opuestos, porque la vida es mejor de lo que esperaba.
Hay otros días que salgo y voy a la escuela en la madrugada sólo por vernos amaneciendo. Las estrellas bajan de nuevo como en el principio de los tiempos, para viajar con nosotros. Los dioses se nos acercan por la espalada y nos aconsejan cosas al tiempo que un viento travieso mueve a los árboles en un baile discreto. La vida se renueva.
Lo importante es que haya días. Aunque ya no sirva no me voy a ir,

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