Y cuando seamos viejos
y nuestros sueños descansen
en las densas nubes de miedos pasados.
Cuando seamos contentos
y nuestros cuerpos descansen
bajo la inmensidad de un cielo viejo.
Entonces te esperaré en el ocaso
con mis ojos tristes a la orilla del mundo.
Con la esperanza marchita que supo florecer.
Entonces te miraré despacio
y mis ojos acariciarán tus manos calmas
y descenderá mi alma en tu cabello
hasta morir lentamente en tu centro
que es mi hogar:
única carne a la que puedo pertenecer.

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