Epifanía

Llevo un buen tiempo tratando de escribir algo bien, pero no sale nada de mi mente. Quizás sí es que se me han subido a la cabeza los comentarios de aquellas personas; al fin y al cabo, nadie puede ser buen escritor a los 12.
He tratado de leer y seguir las pautas de los grandes de la literatura, pero al final de cada lectura llego a la conclusión de que soy un simple mortal frente a aquellos titanes.
No sé No sé si soy el único que siente esto, pero me siento raro entre los demás chicos de mi edad. En la escuela los demás chicos hablan de fiestas con alcohol ( de sus hermanos mayores, fortuna de la que carezco) y llevan revistas con mujeres desnudas y, aunque no deja de llamarme la atención, no me obsesiono con ello no es de lo único de lo que hablo como ellos. Creo que sí, la palabra que buscaba era obsesión.
A veces me pongo a pensar y creo que la verdadera razón de mi rareza es la ruptura de mis padres (tanto entre ellos como en mi cabeza). Aunque eso  en mi mente sigue constante mi propia  obsesión; ganar la fama que tiene Cervantes u Homero. Pero ellos para mí siguen siendo dioses creadores inalcanzables, para mí que soy un simple mortal entre los  mortales.
Creo que sólo Fernando Y Angélica Son los que me entienden o tratan de entenderme. Ellos fueron los únicos que me consolaron cuando mi abuela descargó toda la furia acumulada en una vida de penas sobre mí. Recuerdo que estuve llorando todo el día y el cobarde reclamo de mi padre por vivir en la casa de mi abuela.
Cuando era más pequeño soñaba con casarme y ser feliz con Angélica, pero ahora ya no quiero eso, sé que las personas que se casan siempre terminan mal. Ahora sé que cuando crezcamos podemos ser simplemente novios y cuando nos cansemos el  uno del otro podremos seguir nuestros propios caminos. De hecho, me he esforzado por escribir poemas resaltando su belleza y la pasión que siento hacia ella pero, después, la mirada del maestro Octavio me dice que mi poesía apenas y alcanza a una cancioncilla cursi de la radio.
Las vacaciones siempre han acabado por joderme, pero esta vez más.
Nos vamos a la temida secundaria y no sé si volveré a ver de nuevo a mi Angélica. Después de seis años debe ser algo mía. Además, la tinta sobre el papel resulta demasiado ingrata para al fin demostrarle mis sentimientos. ¿Por qué no puedo ser Bécquer o Miguel Hernández para tener las palabras exactas? Voy y leo y releo a Neruda, pero por ningún lado encuentro mi propia originalidad. Parece que todo es inútil, parece que me mentían, si ni siquiera puedo escribir algo signo de mi amada creo que todo esto no tiene sentido.
De repente, en medio de la habitación medio obscura, en donde su desesperación se olía y oía, un ligero temblor comenzó a apoderarse de su cabeza, desde el cuello los músculos no obedecían al cerebro que estaba en medio de la obscuridad de sus pensamientos. Livianas gotas caminan despacio por sus mejillas y su nariz la cual comienza a sangrar en armonía con el tímido llanto, todo su cuerpo comienza a temblar. En un acto instintivo toma la pluma y comienza a escribir:
“¿Cómo quería subir sin estar abajo?
Inicio desde el fondo…”



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